sábado, noviembre 26, 2022

«Educación pública y privada» por Diego Ferriz

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Se ha publicado el ranking de los 100 mejores colegios españoles y entre ellos figuran el Casvi y el Villalkor. Es una buena noticia y un motivo de orgullo contar con estas reconocidas instituciones educativas. De estos cien colegios la mayoría son privados, así que podríamos preguntarnos: ¿Es mejor la escuela privada que la pública? ¿Es justo que las familias más afortunadas lleven a sus hijos a los colegios más caros y el resto deba contentarse con los colegios públicos?

En el artículo 27 de la Constitución se expone que todos tenemos derecho a la educación, en su nivel básico obligatoria y gratuita, y se reconoce la libertad de enseñanza; se precisa, en concreto, que los padres pueden decidir el centro docente de sus hijos en virtud de sus convicciones religiosas o morales. Y se garantiza, asimismo, que cualquier ciudadano puede fundar un centro educativo y administrarlo, en consonancia con los derechos y libertades relativos a la enseñanza. De este reconocimiento legal deviene el actual panorama de la educación en España, en el que observamos distintos tipos de colegio al alcance de unos y otros.

Yo, la verdad, creo que las cosas están bien como están: cada familia puede optar por el colegio de sus hijos entre una gran diversidad de instituciones, así que habrá quienes, en función de sus recursos económicos, inscriban a sus hijos en un selecto y prestigioso colegio privado, y habrá quienes los llevarán, seleccionando entre sus opciones, a un buen colegio público. No veo ningún mal en el hecho de que algunos colegios sean más caros y por tanto elitistas, en que sean públicos o privados.

Al contrario, creo que son ventajas a aprovechar por las familias: ¿tengo dinero suficiente y me puedo permitir que mi hijo estudie en un colegio privado? Escojo uno que esté cerca de casa, que me dé garantías, y allí lo llevo. ¿No me llega el sueldo como para invertir en la educación de mis hijos? Pues elijo un colegio público. Las alternativas son beneficiosas. Se trata de que la educación pública alcance niveles de calidad satisfactorios, y creo que eso se está consiguiendo: mi hijo estudia en el colegio público de Villaviciosa de Odón Gandhi, donde se imparte una enseñanza bilingüe apropiada y el ambiente educativo es sano, positivo y democrático. Los profesores son cariñosos y exigentes en la medida recomendable y yo no tengo ninguna queja.

Crecí en un ambiente afortunado y cursé mis años de colegio en uno de esos centros que aparecen en el ranking de los 100 mejores, lo cual complace de alguna manera mi amor propio. Pero no siento ninguna clase de envidia ni codicia cuando, hoy en día, me veo en la necesidad de llevar a mi hijo a un colegio público, pues creo que también el Gandhi es una fantástica escuela. En realidad, estoy convencido de que todos los niños y niñas talentosos encontrarán el justo premio a su esfuerzo con independencia del colegio en el que estudien. ¿Pueden encontrarse nuestros hijos con un ambiente inapropiado cuando van al instituto? Puede ser, pero, sinceramente, creo que niños o adolescentes gamberros y difíciles los encontramos en todas las clases sociales; no son los hijos de los más humildes más conflictivos que los hijos de los más adinerados.

Luego llega la universidad. ¿Existen diferencias entre el chico o la chica que cursan su carrera en una universidad privada de los Estados Unidos y el chico o la chica que acuden a la Universidad Complutense o la Autónoma de Madrid? Bueno, para empezar el primero alcanzará un alto nivel de inglés, lo cual no es en modo alguno desdeñable, y tal vez consiga un título que le abra algunas puertas antes que a los demás. Pero creo que, básicamente, el universitario estará preparado para realizar un trabajo exitoso si se emplea a fondo en sus estudios y adquiere los conocimientos necesarios.

Otra cosa bien distinta es que, como el padre del primer muchacho tiene un primo o un amigo ejecutivo en una importante empresa, éste encuentre su primer empleo con suma facilidad. O incluso que, como ese padre controla un negocio familiar, directamente se le asigne un puesto de responsabilidad muy bien remunerado. Y en cambio, el muchacho de origen humilde graduado con buenas notas en la universidad pública se harte de enviar su currículum vitae aquí y allá y le cueste dios y ayuda conseguir su puesto de trabajo, eso si lo consigue. Después, el muchacho afortunado podría realizar un exclusivo máster de especialización y tomarle ventaja cualitativa en apenas unos años. ¿Es admisible esta desigualdad de facto de oportunidades?

Voy a procurar ser realista: si yo fuera jefe de personal y tuviera que elegir entre dos candidatos de similar valía, escogería aquél que viene recomendado por un pariente o un buen amigo; no nos escandalicemos, es ley de vida e indicio de prudencia. En el mundo en que vivimos hay desequilibrios económicos y sociales, y tal vez privilegios debidos a ello. Pero al menos hay libertad, y de hecho el artículo 33 de la Constitución reconoce la propiedad privada y la herencia; en España es lícito trabajar duro, ahorrar y crear un negocio que heredarán nuestros hijos y nuestros nietos, como es totalmente legítimo adquirir bienes productivos cuya titularidad sea sólo nuestra.

Desde mi punto de vista, es preferible y de naturaleza más justa un mundo en el que algunos posean más bienes que otros, frente a una sociedad basada en la abolición de la propiedad privada y la economía estatal. La ley no debe discriminar, pero el Estado y la empresa pueden conceder becas y ayudas a los jóvenes más brillantes. Apoyemos a nuestros talentos financiando sus estudios, pero no restrinjamos derechos y libertades educativas, pues la enseñanza se estancaría bajo el control estricto del Estado y la igualdad de oportunidades consistiría en una degradación colectiva: un empobrecimiento intelectual subyacente a un mero espejismo.

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