Joaquín Roldán, el héroe discreto

Entrevistamos a este villaodonense, que salvó a un hombre de morir ahogado.

El pasado domingo los medios de comunicación nacionales se hicieron eco del heroico acto de unos jóvenes que rescataron a un hombre que había caído al mar desde un acantilado en la isla de Mallorca. Hace ya algo más de un año, sin ningún tipo de repercusión mediática, un vecino nuestro hizo algo parecido.

Joaquín Roldán es un villaodonés perteneciente a una familia muy arraigada en nuestro municipio. En torno a Semana Santa de 2019, el destino le puso a prueba, enfrentándole a una situación urgente, en la que un hombre se hallaba en peligro de morir ahogado. Supo resolverlo valiéndose de su gran experiencia como nadador, a sus cuarenta y tantos años, y su bonhomía, que le convirtió en héroe con toda naturalidad y humildad.

“Portomarín es un pueblo de la ribera del Miño, en Lugo, en el camino de Santiago. Cerca se halla el embalse de Belesar, con su central hidroeléctrica, construido en los años 60: inundaron el pueblo y lo levantaron más arriba, pero la iglesia románica la trasladaron piedra a piedra”.

Joaquín y su hijo Daniel, de 9 años, fueron allí a pescar después de comer, en un viaje habitual de visita familiar. Es un lugar verde precioso, paradisíaco. A distancia, sobre las 5 de la tarde, escucharon voces típicamente gallegas que, pronto, se convirtieron en expresión de pánico y terror, y Joaquín comprendió que alguien se hallaba en apuros.

“Si me dais una cuerda, me tiro a por él”.

“Llegamos rápidamente al lugar, una finca en la que dos señoras, de unos 40 y 60, y un señor, trataban de ayudar a un hombre que había caído de una piragua al embalse y se había agarrado a esta a 70 metros de la orilla. Antes habían comido, se habrían tomado sus buenos vinos, o cervezas, y luego se había metido en la piragua jugando envalentonado, pero es un hombre corpulento y lo cierto es que no nada muy bien, de manera que le costaba mantenerse a flote, se iba alejando y el tiempo apremiaba”.

Joaquín observa preocupado cómo, de repente, el hombre se suelta de la piragua y permanece inmóvil. Parece hallarse sobrecogido por el miedo, o agotado, y su actitud indica que corre peligro de ahogarse. Sin apenas tiempo de organizar el rescate, pide una cuerda:

“Si me dais una cuerda, me tiro a por él”.

Una de las señoras corre a la vivienda, cuando todos entienden la idea de Joaquín, y regresa al poco con un cabo, que este coge por un extremo; en calzoncillos, se sumerge, con la presencia de ánimo de quien se sabe un experto nadador, que ha entrenado durante años. Para entonces, el hombre se encuentra ya a unos 100 metros de la orilla, y Joaquín, tras 6 o 7 minutos desde que hizo aparición, tardará otros 5 en llegar al hombre, abrazarle con su brazo derecho y, con la débil ayuda de su pataleo, sacarle sano y salvo de las aguas.

“Las mujeres me abrazaron; nos invitaron a su casa, donde Daniel merendó con otros niños de su edad y yo tomé un café. Me regalaron una botella de aguardiente y me pidieron el teléfono. Agradecidos, estaban deseosos de agasajarme y se desvivían por contentarnos; esta es la parte más bonita de la historia, porque incluso al final jugamos un partido al aire libre, en el jardín, de padres contra hijos (ganaron los niños), pasando una tarde muy agradable que me ha dejado un recuerdo entrañable; y emocionante, ya que, durante aquellos minutos, vivimos una experiencia de miedo y angustia, en la que afortunadamente pude mantener la calma”.

Carlos, el amigo del hombre que ha estado en peligro, le contó luego que su hermano se ahogó cuando tenía 18 años, y nadie le ayudó; llorando como una magdalena, pues este inesperado suceso le ha traído el recuerdo al primer plano, y despertado tristes emociones a flor de piel.

Joaquín, en nombre de todos tus vecinos, gracias por salvar a este hombre, y hacerlo con un heroísmo humilde que nos enorgullece. Te llamaría el hombre tranquilo, como aquel irlandés que interpretó John Wayne, fuerte y dispuesto a resolver cualquier peligro sin que te tiemble el pulso, confiado a tu saludable fortaleza, ¡bravo!

Texto: Manuel Godino

Foto: elprogreso.es